Un espacio virtual para debatir sobre los alcances del movimiento de Reconceptualización del Trabajo Social

lunes, septiembre 04, 2006


EL VUELO DE LOS PÁJAROS. Sección de ánalisis social y económico.

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TLC:

TREINTA AÑOS DE NEOLIBERALISMO

EN AMÉRICA LATINA

Marcos Roitman
La Jornada

Tratados de libre comercio y valoraciones encubren su quehacer. Han transcurrido cuatro décadas y el camino trazado por sus estrategas, los que reparten el poder y producen ideología siguen impertérritos ante los resultados obtenidos. Un sesenta por ciento de la población mundial vive en condiciones de miseria y pobreza extrema, aumentando la desigualdad social y económica. El deterioro del medio ambiente se acelera, haciendo peligrar flora y fauna, y transformando en mercancía todo cuanto está a su alcance: el agua, el viento y el sol. La violación de los derechos humanos se generaliza. Se corre un tupido velo sobre el trabajo infantil, la semi-esclavitud y la siniestralidad laboral.

En esta dinámica, las enfermedades producidas por el alto grado de toxicidad en la producción textil, la maquila, la agricultura y la minería se han disparado en los 30 años recientes

El cáncer y las dificultades respiratorias amenazan diariamente la vida de cientos de miles de trabajadores. Lugar destacado ocupan los homicidios laborales, donde la responsabilidad del empresario se encubre bajo la doctrina de abaratar costos y maximizar beneficios. El resultado: muertes sin juzgar, donde se culpa al trabajador y se exonera al empresario, ser impoluto y generador de riqueza. Son los Slim en México; Fernando Flores y José Luis Piñera en Chile; Cisneros en Venezuela, o Pelas en Nicaragua. Pero para el homicidio de un trabajador, encubierto eufemísticamente bajo la denominación genérica de accidente laboral, la ley no prevé responsabilidades civiles y penales subsidiarias. Los empresarios no irán a la cárcel por un delito de imprudencia temeraria.

El capitalismo neoliberal se construye sobre las manos, los pies, los ojos, las orejas y los senos amputados a los trabajadores en acto de servicio, en el tajo, mientras laboraban con peligrosidad y sin la debida protección. Ellos, no otros, sufragan mansiones y la vida de placer y lujo de los multimillonarios, prologados por Carlos Fuentes. Son tantas las mediaciones, que se pierden los vínculos existentes entre capitalismo y explotación.

Presenciamos la destrucción de la ciudadanía. Asistimos a una desarticulación del ejercicio democrático. El liberalismo político arraigado en la teoría de la justicia distributiva y la desigualdad positiva no cumple con sus promesas. El mercado no genera consumidores responsables, solidarios y competitivos. Tampoco garantiza una movilidad social ascendente. Ni la educación es sinónimo de mejora en estatus y calidad de vida. Los mas preparados desempeñan trabajos por debajo de su cualificación. Las nuevas tecnologías requieren robots alegres, de comportamientos simples y disciplinados. El conocimiento no es buen compañero de viaje, supone crítica. El estado social de derecho concebido desde el mercado es un fraude. Existe una gran distancia entre su teoría y su práctica. Las tesis de Hayek, Von Mises, Rawls y sus acólitos son mitos políticos. Ninguna de las premisas del neoliberalismo se cumple. No hay aís en el mundo donde se practique y se obtengan los resultados previstos.

La realidad del neoliberalismo y sus ideas emanadas de la teoría de juegos, el pensamiento sistémico y la sociobiología, sólo pudo imponerse por la fuerza a partir de los años 70 del siglo XX, y hoy se mantiene por la violencia. Fracasa en todos los ordenes: el económico, el político, el social, el cultural. No hay por donde cogerlo. Reagan, Teacher, Pinochet, Salinas de Gortari, Felipe González, Carlos Andrés Pérez, Eduardo Frei, Ricardo Lagos, Ménem, Berlusconi o Aznar, tanto monta, monta tanto. Sean neoconservadores, democristianos, socialdemócratas, progresistas o de centro, fue su anticomunismo y la lucha contra el imperio del mal en tiempos de guerra fría su punto de unión. La caída del muro de Berlín simbolizó el triunfo ideológico y político de una generación anti-comunista. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo, el anticomunismo se ha transformado en el gran escudo que encubre el fracaso del neoliberalismo. Se trata de alquimia pura. Convierten plomo en oro.

Si el anticomunismo modificó el itinerario del pensar y actuar de las sociedades occidentales, el neoliberalismo destruye ideas, gobiernos, instituciones, organizaciones y personas cuyo ideario socialista afecte la refundación neo-oligárquica del poder y ponga en cuestión el orden cultural del capitalismo occidental. La lucha se realiza en todos los frentes. No hay distingos. El proceso es complejo. Se trató de evitar el triunfo de la izquierda a cualquier precio. Golpes de Estado, guerras, procesos desestabilizadores, bloqueos, invasiones, asesinatos políticos. Sin olvidar la ilegalización de partidos, las torturas, los encarcelamientos, los acuerdos con la mafia, el cohecho, la corrupción. El mundo entero. Asia, Africa, Europa del este, América latina y Oceanía. Mientras tanto la Europa comunitaria, los países de la OTAN y los aliados estratégicos, se emplean a fondo en las transformaciones. El proceso de cambio social se renombra bajo el apelativo genérico de modernización del estado y liberalización económica. El proyecto se construye descalificando la izquierda política y social, a los sindicatos obreros, a los intelectuales y desahuciando el centro de producción del conocimiento y el debate teórico: a las universidades públicas, ahogandolas financieramente.

Pero todo tiene solución. Si la realidad es tozuda, se modifica estadísticamente. Datos manipulados y cifras macroeconómicas avalan el modelo. El cómo lo hacen es simple. Quienes buscan empleo por primera vez nunca han estado empleados, por ello no pueden estar en las listas del desempleo. Las triquiñuelas son muchas. La sociología estadística aporta los argumentos de la mentira. Pero la población se muere de hambre, la sanidad se privatiza y los servicios sociales disminuyen. Los neoliberales deberían aplicarse el cuento. Al igual que criticaron con vehemencia el comunismo por no cumplir con el principio de unidad entre teoría y práctica, deberían ser coherentes y concluir que tras 500 años de capitalismo en sus diferentes modalidades, incluido el neoliberalismo, su doctrina es un fracaso, ya que no hay congruencia entre su teoría y su practica. Con el agravante que lo existente en los países del Este no era por definición ni comunismo ni socialismo. Cuestión que no sucede con el capitalismo. ya que sus hacedores no reniegan de éste. Por el contrario, están orgullosos de sus logros.

EL NUEVO PARADIGMA: LA GUERRA INFINITA

Leonardo Boff
Publicado el día 16/08/2006 por Rebelión.

El sociólogo francés Alain Touraine que ama mucho a Brasil y que ha adoptado a América Latina como la patria de su corazón, sostiene en su reciente libro, Un nuevo paradigma: para entender el mundo de hoy (Paidós 2005), una tesis intrigante que en cierta forma nos permite entender la violencia, en realidad la guerra terrorista entre palestinos e israelíes que se está llevando a cabo en el Líbano. La tesis que él propone es que después de la caída del muro de Berlín y de los atentados del 11 de septiembre de 2001 empezó rápidamente una desintegración de las sociedades, dominadas por el miedo e impotentes ante el terrorismo.

Estaríamos asistiendo al paso de la lógica de la sociedad a la lógica de la guerra. La potencia hegemónica, Estados Unidos, ha decidido no resolver más los problemas por la vía
diplomática y por el diálogo sino por la intervención y por la guerra, llevada, si fuera preciso, a cualquier parte del mundo.

Esta estrategia posee su lógica. Se enmarca dentro de la actual dinámica de la globalización económico-financiera, que no quiere saber de ningún control o regulación social y política. Exige campo abierto para hacer la guerra de los mercados. Ha separado totalmente la economía de la sociedad, ve los estados-naciones como trabas, procura reducir el estado, difamar a la clase política y pasar por encima de los organismos de representación mundial como la ONU. Esta disolución de las fronteras ha acarreado la fragmentación de lo que constituye la sociedad. Peor aún, ha invalidado la base política y ética del sueño de una sociedad mundial, tan querida de los altermundialistas, que cuidase de los intereses colectivos de la humanidad como un todo y que tuviese un mínimo de poder central para intervenir en los conflictos y dinamizar los mecanismos de la convivencia, de la paz y de la preservación de la vida.

Esta desocialización es consecuencia de la globalización económico-financiera que encarna el capitalismo más extremo con la cultura que lo acompaña. Ésta implica la segmentación de la realidad, con la pérdida de la visión del todo, la exacerbación de la competitividad en detrimento de la cooperación necesaria, el imperio de las grandes corporaciones privadas con poquísimo sentido de responsabilidad socioambiental y la exaltación del individuo ajeno al bien común.

El mundo está en franco retroceso. La sociedad actual no se explica ya, como quería la sociología clásica, por factores sociales, sino por fuerzas impersonales y no sociales como el miedo colectivo, el fundamentalismo, el terrorismo, la balcanización de vastas regiones de la Tierra y las guerras cada vez más terroristas, por convertir en víctimas a poblaciones civiles.

Este escenario mundial dramático explica por qué ninguna instancia política mundial tiene capacidad reconocida ni fuerza moral suficiente para poner fin al conflicto palestino-israelí que está convirtiendo el Líbano en una ruina. Asistimos impotentes a la tribulación de la desolación de un sinnúmero de víctimas inocentes, de millares de refugiados y a la irracional destrucción de toda la infraestructura de un país que acababa de reconstruirse de la guerra anterior. Eso es terrorismo.

Si, impotentes, no sabemos qué hacer, procuremos por lo menos entender la lógica de esta violencia. Ella es fruto del tipo de mundo que hemos decidido construir en las últimas décadas basado en la pura explotación de los recursos de la Tierra, en la producción y el consumo ilimitados, en la falta de diálogo, tolerancia y respeto por las diferencias.

Un mundo así sólo puede llevarnos a la desocialización y a la guerra sin fin.